miércoles, 28 de septiembre de 2011

Confío, pero no me confío


Un aspecto muy a tener en cuenta a la hora de intentar conseguir cualquier cometido es la confianza personal, la confianza en uno mismo. El sentirse y saberse capaz de realizar esa tarea ayuda en gran medida a la consecución de la misma. 

Como ejemplo, un tenista con confianza en sí mismo probara distintos tipos de golpeo, independientemente de su dificultad, y los realizará con mayor soltura, aportada por esa confianza personal. Un tenista que carezca de confianza no se atreverá con cualquier golpe e impactará con miedo de fallar a la pelota, aumentando la probabilidad de que el tiro no le salga bien.

He utilizado el ejemplo de un deporte concreto, pero esto es aplicable a cualquier ámbito de la vida cotidiana. Una entrevista de trabajo, la exposición de alguna tarea, la habilidad de tratar con la gente y muchos otros son ejemplos de situaciones en las que la confianza en uno mismo puede resultar determinante para el resultado final.

Como experiencia personal, he visto la importancia de la confianza en uno mismo en muchas situaciones. He sufrido las consecuencias de la falta de confianza, del sentimiento de incapacidad, y he sido consciente de que, con la actitud mental correcta, el rendimiento en cualquier tarea es muy superior.

Por todo ello, debemos confiar en nosotros mismos y en nuestras capacidades. Solo nuestra mente limita lo que somos capaces de hacer y no hacer. Nosotros nos ponemos las trabas, pero también somos capaces de creernos capaces y lograr nuestros objetivos. Todo está en nuestra cabeza, solo debemos creer.


"Cuando un hombre sabe a donde va el mundo entero, se aparta para darle paso."  (Bertrand Arthur William Russell)

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